domingo, 26 de julio de 2015
sábado, 25 de julio de 2015
Carta de un exalumno a Juan Carlos Monedero.
Estimado Profesor Monedero, usted no se acordará porque ya ha
llovido mucho, como tampoco se acordará su compañera Bescansa, pero yo fui
alumno de ustedes en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad
Complutense.
Ahora que les veo en la televisión día sí y día también, subidos
a la ola de la política que siempre ejercieron en las aulas, hace hasta gracia
recordar los años de universidad cuando alguien te pregunta curioso “¿Y tuviste
a Monedero?”
Ahora, con mi licenciatura bajo el brazo y trabajando fuera de
España, en esa misma Bruselas en la que ha acabado su compañero “Pablo
Iglesias” estoy haciendo más memoria que nunca, memoria histórica que
dicen, y recuerdo el jarro de agua fría que fue llegar de Mallorca a Somosaguas.
Sin haber cumplido aún dieciocho años y acompañado por mi padre paseé por
los pasillos de aquel edificio con pinta de “cárcel” de los años 40, lleno
de pintadas anarquistas y goras a ETA. Aquellas paredes en ladrillo vivo de las
que malcolgaban carteles, te trasladaban a un barrio de navajeros en
vez de a una Universidad que se dice puntera. Ni rastro del impresionante rectorado cuyas fotografías destacaban en el corcho de mi instituto palmesano
mientras comprobaba mis notas de selectividad.
Y qué decir de La Moqueta, aquel enorme espacio muerto
entre la cafetería y la biblioteca del que siempre emanaba una nube de
maría poblado por veinteañeros bebiendo cerveza a las 9 de la mañana.
Ahora brindan por su éxito señor Monedero.
Ahora que vuelvo a verle hago memoria y algo no me cuadra. Es
usted (y sus compañeros) muy bueno en comunicación. Dan ustedes muy bien
en cámara sin ser Pedro Sánchez y regatean como no lo hace ni Rajoy desde
su plasma y mire usted, le confieso, si no le conociera le compraba por un
par de meses, como muchos dicen que estarían dispuestos a hacer, solo para
hacer una buena limpieza y librarnos de Tirios y Troyanos. “Pero como yo
conocí el régimen que instauraron en la República Bolivariana de
Somosaguas, no les puedo creer”. Porque, señor Monedero, lo que ustedes
quieren hacer no es ni nuevo ni moderno, lo que ustedes quieren hacer
llevan veinte años haciéndolo, no en Venezuela, sino mucho más cerca, en
aquel pueblecito a las afueras de Madrid, su laboratorio.
Aún recuerdo una clase, no era usted el profesor, no se
preocupe, en la que una estudiante de Erasmus francesa me comentaba
indignada que durante su estancia en la Facultad “cada clase era un curso
de adoctrinamiento comunista”. Yo sonreía y disimulaba porque no quería
que me identificaran. Libertad de cátedra lo llaman algunos, pero usted
sabe, como sé yo, que la represión no se ejerce solamente a punta
de bayoneta. Y usted sabe, como sé yo, que en la Facultad de
Ciencias Políticas de la Universidad Complutense, donde más debate y
variedad ideológica debería haber, impera un régimen de extrema izquierda
en el que “no se aceptan opiniones divergentes”.
Hago memoria y recuerdo como descubría, casi en la
clandestinidad, que algunos compañeros votaban al PP. Era como una salida
del armario. No era algo fácil de confesar en la facultad. Si se enteraba
el profesor era mejor mantenerse callado y no protestar cuando una clase
se tornaba en un mitin del PSOE, o de IU, o de Chávez. Incluso algunos de
los pocos profesores de los que se podía sospechar cierta oposición al
“régimen” se cuidaban muy mucho de no ser descubiertos.
Quién me iba a decir a mí que había esquivado esa
Universidad de las Islas Baleares tomada por los catalanistas para acabar
en Madrid, en la mismísima Complutense, destinado a pasar al menos un
lustro en el nido de la serpiente de ultraizquierda.
Hago memoria y recuerdo lo que me decían mis propios compañeros
en mi afán por atravesar los piquetes para ir a clase un día de huelga,
uno de tantos, una de tantas huelgas que no compartía y que según me
decían las lecturas era un derecho y no una obligación. Recuerdo que lo
que me decían y no era nada amable. Pero señor Profesor, la siguiente
huelga, volví a cruzar los piquetes, con la piel más curtida y la barbilla
más alta. “Así durante cinco años”. Hago memoria y recuerdo los
comentarios despectivos por llevar bajo el brazo El Mundo o el ABC y, si
al principio herían, acabé llevándolos por bandera, solo pa’ joder.
Recuerdo también cómo los peores ministros de exteriores eran los del PP,
y cómo la peor política económica era la del PP o cómo no había política
social si había PP, ni había medio ambiente si había PP. No había vida si
había PP. Era tal vuestra obsesión que todo aquello me hacía ser más
del PP, y hoy entiendo que habría sido del Barça si ustedes hubiesen sido
anti-barça, y habría sido vegetariano si ustedes hubiesen sido carnívoros,
porque lo que ustedes me enseñaron en la Universidad es que tenía que ser
todo aquello que ustedes no eran. Por eso Profesor Monedero, hoy tampoco
soy del PP... no sé si lo pilla.
Aunque la de Políticas debería ser la facultad en la que más se
debatiese. Y aunque las Ciencias Sociales destaquen porque no existe una verdad
absoluta que en ciencias puras te diría que 1+1 es igual a 2, aunque sepamos
que una teoría no sustituye a otra sino que dos o tres o cuatro teorías
distintas coexisten e incluso se ponen en práctica a la misma vez en distintos
sitios y aunque nos mientan diciendo que la universidad sirve para dotar al alumno de las herramientas suficientes como para discernir
y sacar conclusiones fundamentadas, en su facultad solo existía una
respuesta posible: la suya, la oficial.
Lo demás suponía ser señalado, increpado o incluso agredido
físicamente (que le pregunten a Rosa Díez) cuando no sometido al riesgo
del suspenso, a eternizar tu paso por la universidad y ver tu futuro
profesional limitado. Con esos mimbres se entiende que la discrepancia se
limitase a un guiño furtivo, una temeraria palmada en el hombro bien
disimulada o una imprudente salida del armario ideológica en una noche de
fiesta. Y mire usted, estimado Profesor, durante mis años en la Facultad
de Políticas desarrollé una inmensa simpatía por todas las minorías
reprimidas pues “quienes no éramos de los suyos éramos los negros en el
apartheid, los gays en Irán o los intocables en la India.
Ustedes sin embargo eran los blancos, los fundamentalistas,
los brahmanes que en la India eran los maestros, la casta más alta que
salió de la boca de Brahmá”.
Ustedes han instaurado en la Facultad de Políticas un régimen en
el que existe una casta dirigente y hegemónica, el profesorado que tiene en sus
manos el futuro de los estudiantes, y una clase dominada, el alumnado, entre
los cuales solo quienes piensan como los dirigentes se sienten lo
suficientemente libres como para manifestarse y quienes no comulgan o
bien se callan o bien se preparan para recibir los golpes.
Ustedes, cuando no tenemos una sola universidad española
entre las 150 mejores universidades del mundo. Ustedes, que abochornan a
los estudiantes extranjeros que no se creen lo que ven ni lo que oyen y
que luego lo contarán en sus países para vergüenza de todos. Ustedes qué
tienen que ofrecerle al país aparte de miseria intelectual y económica.
“Eso, señor Monedero, cuando alguien se esconde y camufla porque
la reacción del entorno es tan fuerte que sus consecuencias son inasumibles,
cuando el que está abajo no se atreve a llevarle la contraria al que está
arriba porque no hay garantías de que la lucha sea entre iguales, de que pueda
aguantar el desafío ni afrontar los costes, eso es también represión”. Algunos
otros valientes, como la estudiante francesa de intercambio, un día
se levantan y le dicen al profesor lo que ningún alumno español se atreve
a decirle, abandonando a continuación el aula para siempre entre risas
e insultos de los propios compañeros mientras otros nos callamos y
aceptamos el régimen porque en aquel momento es más lo que tienes que
perder.
Eso pasaba cuando uno aún no había cumplido los veinte, pero ahora
que mi futuro no está en sus manos, tengo la obligación de no callarme
para evitar en la medida de lo posible que gente como usted, estimado
Profesor Monedero, vuelvan a tener en sus manos el futuro de alguien.
viernes, 24 de julio de 2015
Ramón Espinar NO ha renunciado a su sueldo voluntariamente... Se lo han quitado.
No es oro todo lo que reluce. Podemos y él mismo llevan días presumiendo de su gesto de austeridad y dando lecciones cuando su renuncia tiene trampa: no ha sido voluntaria sino obligada.
Tomó posesión de su escaño en el Senado hace una semana y el podemita
Ramón Espinar, que es a su vez diputado en la Asamblea de
Madrid, ha caído en el primer renuncio. Él y su partido.
Los de Pablo Iglesias emitieron el jueves pasado un comunicado en el que anunciaba a bombo y platillo que Espinar había renunciado a su sueldo de senador. En consonancia, decían, con la -supuesta- limitación de salarios que Podemos impone a sus cargos públicos: tres veces el salario mínimo interprofesional.
Es más. En los días siguientes el propio Espinar se paseó por las televisiones, de las que es un habitual, presumiendo de tal gesto de austeridad y de haber renunciado también a prebendas como el seguro de vida de la Cámara Alta o el bonotaxi.
Pero lo que no ha contado el senador más joven de España es que su renuncia no es voluntaria sino obligada. Así que tiene trampa.
La Ley Orgánica del Régimen Electoral General (la LOREG) establece en su artículo 155.4.b que los senadores designados por las comunidades autónomas, como es el caso de Espinar, "sólo podrán percibir la remuneración que les corresponda como senadores, salvo que opten expresamente por las que hubieran de percibir, en su caso, como parlamentarios autonómicos".
En otras palabras: el podemita estaba obligado legalmente a elegir entre el sueldo de diputado por la Asamblea de Madrid o el de senador. ¿Con cuál se ha quedado? Con el más cuantioso. Como decía aquel, una cosa es ser de izquierdas y otra muy distinta ser tonto.
Vayamos a las cifras. En la Asamblea de Madrid cobra 14 pagas de 3.503,46 euros brutos como diputado raso (de los que un 20% no tributa porque se consideran gastos de viaje) más el plus que obtenga cuando se constituyan las comisiones y sea designado algo más -que lo será-. Si le hacen portavoz de una comisión, por ejemplo, ingresará otros 846,97 euros, también en 14 pagas.
Por contra, en el Senado habría cobrado los 2.813,91 euros brutos en 14 pagas comunes a todos los senadores. Las matemáticas lo dejan bien claro.
Y hay una segunda trampa de Espinar: ha tenido que renunciar a su sueldo en el Senado, sí, pero no a las 12 pagas de 869,09 euros libres de impuestos de indemnización mensual como senador por la circunscripción de Madrid. A esa indemnización no puede renunciar, explican fuentes del Senado a El Semanal Digital.
No obstante además Ramón Espinar está obligado a comunicar por escrito a la Cámara Alta con qué sueldo se queda, en este caso con el de diputado autonómico. Y de momento no lo ha hecho.
Su caso se suma al de dirigentes de Podemos que como Pablo Iglesias dicen sacrificar parte de su salario como eurodiputado para donárselo a sí mismo a través del programa La Tuerka o que directamente no aclaran a dónde va a parar esa parte que donan. Porque supuestamente todos donan lo que exceda de tres veces el SMI.
Los de Pablo Iglesias emitieron el jueves pasado un comunicado en el que anunciaba a bombo y platillo que Espinar había renunciado a su sueldo de senador. En consonancia, decían, con la -supuesta- limitación de salarios que Podemos impone a sus cargos públicos: tres veces el salario mínimo interprofesional.
Es más. En los días siguientes el propio Espinar se paseó por las televisiones, de las que es un habitual, presumiendo de tal gesto de austeridad y de haber renunciado también a prebendas como el seguro de vida de la Cámara Alta o el bonotaxi.
Pero lo que no ha contado el senador más joven de España es que su renuncia no es voluntaria sino obligada. Así que tiene trampa.
La Ley Orgánica del Régimen Electoral General (la LOREG) establece en su artículo 155.4.b que los senadores designados por las comunidades autónomas, como es el caso de Espinar, "sólo podrán percibir la remuneración que les corresponda como senadores, salvo que opten expresamente por las que hubieran de percibir, en su caso, como parlamentarios autonómicos".
En otras palabras: el podemita estaba obligado legalmente a elegir entre el sueldo de diputado por la Asamblea de Madrid o el de senador. ¿Con cuál se ha quedado? Con el más cuantioso. Como decía aquel, una cosa es ser de izquierdas y otra muy distinta ser tonto.
Vayamos a las cifras. En la Asamblea de Madrid cobra 14 pagas de 3.503,46 euros brutos como diputado raso (de los que un 20% no tributa porque se consideran gastos de viaje) más el plus que obtenga cuando se constituyan las comisiones y sea designado algo más -que lo será-. Si le hacen portavoz de una comisión, por ejemplo, ingresará otros 846,97 euros, también en 14 pagas.
Por contra, en el Senado habría cobrado los 2.813,91 euros brutos en 14 pagas comunes a todos los senadores. Las matemáticas lo dejan bien claro.
Y hay una segunda trampa de Espinar: ha tenido que renunciar a su sueldo en el Senado, sí, pero no a las 12 pagas de 869,09 euros libres de impuestos de indemnización mensual como senador por la circunscripción de Madrid. A esa indemnización no puede renunciar, explican fuentes del Senado a El Semanal Digital.
No obstante además Ramón Espinar está obligado a comunicar por escrito a la Cámara Alta con qué sueldo se queda, en este caso con el de diputado autonómico. Y de momento no lo ha hecho.
Su caso se suma al de dirigentes de Podemos que como Pablo Iglesias dicen sacrificar parte de su salario como eurodiputado para donárselo a sí mismo a través del programa La Tuerka o que directamente no aclaran a dónde va a parar esa parte que donan. Porque supuestamente todos donan lo que exceda de tres veces el SMI.
Alternativa Española denuncia la persecución del Ministerio de Hacienda a los antiguos trabajadores españoles en Alemania.
Cifuentes habilita tres comedores escolares y critica la poca colaboración de Carmena.
La carrera por los comedores escolares de verano mantiene alta la
temperatura entre la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid, incluso bien
entrado el mes de julio. La presidenta del gobierno regional, Cristina Cifuentes, ha lamentado que por la inacción del Ayuntamiento de Madrid, el gobierno regional haya tenido que tomar cartas en el asunto y abrir tres institutos de secundaria recién habilitados como comedores escolares de verano para satisfacer las necesidades de niños en los distritos madrileños de Usera, Puente de Vallecas y Carabanchel, donde se han detectado mayores carencias.
"Ante la falta de colaboración del Ayuntamiento de Madrid para poder utilizar los colegios de su propiedad donde se van a dar actividades, hemos optado por abrir nosotros institutos que son propios, que
no tienen las instalaciones adecuadas para poder realizar actividades
extraescolares", ha dicho la presidenta de la Comunidad a la salida de
su primer pleno en la Asamblea de Madrid,
en el que ha confesado sentirse “muy a gusto”. Los centros educativos
ya están habilitados pero a lo largo del día se espera concretar el
número de niños que se beneficiarán de este servicio en función de la
demanda que haya en cada barrio.
jueves, 23 de julio de 2015
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